La nación

 

 Estado, nacionalismo y autonomía:

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   Derecho a la autodeterminación:
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Estado nación o Estado pluriétnico
 

 

   Estado, nacionalismo y autonomía:
 

 

El reclamo de autonomía de los pueblos indígenas no es una idea extravagante, extraña o ajena a los grupos socioculturales que pueblan el mundo; se trata de una demanda común de todas las colectividades étnicas, que viven en una situación de opresión y sujeción nacional, y que pretenden acceder a "una autoexpresión polítiTibet PNC REALEJOSca y cultural" por medio de la autonomía.

El moderno régimen de autonomía o el federalismo sobre bases étnicas tiene por lo menos un siglo de existencia. Entre las primeras experiencias de Estados multinacionales que adoptaron regimenes federales y autónomos en favor de nacionalidades y grupos étnicos, se encuentra Suiza y los países socialistas de la Unión Soviética (1922) Yugoslavia (después de la Segunda Guerra Mundial), y la República Popular China (esta instituyó el régimen autonómico para las regiones del Tibet, Mongolia Interior, Kuangsi Chuang, Sinkiang Uigur, Mingsia Hui).

Diversos países de Europa occidental han ido admitiendo, coChina-Guangx PNC REalejosn mayor regularidad a partir de la década de los 70, el régimen de autonomía en sus estructuras estables para satisfacer los reclamos de nacionalidades y, también, de regiones con identidades particulares. En Italia, la Constitución de 1947 instituyó la autonomía de cuatro regiones con estatuto especial: Sicilia, Cerdeña, el Valle de Aosta ("de base nacional francesa") y Trentino-Alto Adigio (de base nacional alemana), y en 1963 se instituyo la región Venecia-Julia (de nacionalidad eslovena); aunque el establecimiento de las regiones se postergó hasta 1970, cuando se inicia "la transformación regionalizada del Estado". En España hubo dos ensayos efímeros de autonomía territorial durante la Primera República (1873) y la Segunda República (1931-1936), pero no fue hasta la constitución de 1978 cuando la autonomía de las nacionalidades y regiones que integran el país se establece como una estructura más estable y que goza de consenso, sobre todo si se toma en cuenta el Estado español se ha autonomizado (en la actualidad se han conformado diecisiete regiones autónomas, incluida Madrid), cuando originalmente la autonomía se pensó como una solución para las principales nacionalidades (catalanes, vascos gallegos). En otros países europeos, la autonomía se ha establecido principalmente para regiones insulares: la Constitución portuguesa de 1976 otorgó a las islas Azores y Madeira la calidad de entidades autónomas; en Finlandia, se instituyó la autonomía de las islas Aland; en Dinamarca, se estableció la aIsla Feroe PNC REALEJOSutonomía para las Islas Feroe y en 1978 el Parlamento danés aprobó la ley de Autonomía de Groenlandia. En 1814, como parte del Tratado de París, Malta pasó a ser oficialmente parte del Imperio Británico.  Malta desempeñó un papel importante durante la Segunda Guerra Mundial debido a su proximidad a las líneas de navegación del Eje, y el coraje de su pueblo llevó a la atribución de la Cruz de San Jorge, que hoy puede ser vista en la bandera del país.

La independencia de Malta fue concedida el 21 de septiembre de 1964. Según la Constitución de 1964, Malta mantiene como soberana la Reina Isabel II, y un gobernador general ejerce la autoridad ejecutiva en su nombre. Pero el 13 de diciembre de 1974, Malta se transformó en una república dentro de la Commonwealth, con el Presidente como jefe de estado. Aunque Malta era enteramente independiente desde 1964, los servicios británicos permanecieron en el país y mantuvieron un control total sobre los puertos, aeropuertos, correos, radio y televisión hasta el 31 de marzo de 1979, cuando las últimas tropas británicas abandonaron la isla después de que el gobierno británico rehusara a pagar la tasa que pretendía el gobierno maltés del momento (laborista) para permitir que las fuerzas británicas permanecieran en el país. El primer ministro era, entonces, Dominic Mintoff. Malta se encontró, en ese momento, libre de bases militares extranjeras por primera vez en la historia. Este acontecimiento es hoy celebrado como el Día de la Libertad. Malta se adhirió a la Unión Europea el 1 de mayo de 2004. En Canadá se adoptó por el sistema federal (a partir de 1867) para dar respuesta a los reclamos de autogobierno de los francófonos en Quebec, y recientemente, el 1 de abril de 1999, la Constitución canadiense reconoció la autonomía de los inuit (esquimales) en el nuevo territorio de Nunavut, como parte de la federación.

En América, los países que han dado repuesta a los reclamos de autonomía territorial de los pueblos indígenas son Nicaragua, que en su Constitución de 1987 instituyo el régimen de autonomía en las regiones donde habitan los pueblos indígenas y comunidades étnicas de la Costa Atlántica, y Colombia, que en la nueva Constitución proclamada el 4 Julio de 1991, estableció la autonomía de los territorios indígenas.

Como norma, la mayoría  los gobiernos se oponen enérgicamente al reconocimiento de la autonomía, argumentando que esta conlleva al separatismo, a la secesión o al desmembramiento del Estado nacional. Sin embargo, ninguna de las experiencias autónomas señaladas a provocado la ruptura de los Estados, sino todo lo contrario, ha fortalecido la unidad nacional. La autonomía "es el antídoto del secesionismo", ya que, como apunta Beneyto, no hay en ella "posibilidad de secesión, sino fórmulas de autogobierno".

Se suele recurrir a la destrucción de la URSS y de Yugoslavia para afirmar las posiciones autonomistas, pero en realidad se trata de los casos que mejor ilustran que cuando se ponen en funcionamiento un régimen federal o autonómico es posible mantener unidas bajo una misma estructura política a nacionalidades y colectividades étnicas diversas, y, por otro lado, también muestran que cuando se intenta disolver, o no se renueva, el arreglo autonómico la unidad entra en crisis. La construcción de la URSS y Yugoslavia como federación de nacionalidades fue lo que hizo posible que se conservara por muchos años su integridad. Ello adquiere relevancia si se advierte que, paralelamente a la conformación de estos Estados multinacionales, en el resto de Europa proliferaban los movimientos nacionalistas exigiendo su propio Estado nacional. Especialistas en el tema coinciden en señalar que hasta finales de la década de los ochenta no se habían desarrollado movimientos separatistas relevantes en la URSS y Yugoslavia, lo que hacía suponer que los grupos nacionales se encontraba en cierta medida satisfecho con el arreglo federal, aunque era evidente la falta de democracia afectaba su funcionamiento y que las demandas de mayor autonomía aumentaban. Sin embargo, las causas de del derrumbe de la URSS y de Yugoslavia no fueron los conflictos nacionales, sino las dificultades económicas y políticas y los resultados fallidos de las reformas emprendidas para superarlas (como la perestroika en el caso de la URSS); las tensiones nacionales que se sucedieron fueron la consecuencia de esos fracasos y el deterioro subsecuente de las instituciones federales y autonómicas. Puede demostrarse que tanto las repúblicas soviéticas como las repúblicas yugoslavas no pensaban separarse, sino construir consensos a un renovado federalismo y emprender la democratización. Los fracasos para concebir un nuevo pacto multinacional provocaron la ruptura (en cuyo desenlace no hay que menospreciar el papel que jugaron algunos Estados occidentales) y, con ello, el desarrollo de nacionalismos exclusivistas, particularmente patológicos en el caso de Yugoslavia. En la actualidad, algunas de las repúblicas independientes de la extinta URSS (como Rusia, Georgia, Tadjistán) y Yugoslavia conservan sistemas autonómicos.

En otros casos, como en China, España y Canadá, las pretensiones de secesión de los tibetanos, vascos y quebequenses existían mucho antes del establecimiento del sistema autonómico en los países respectivos y, en todo caso, la radicalización de sus reclamos independentistas se alimentaron por la frustración en los ritmos y el grado de autonomía que se puso en marcha. En Canadá, Kimlincka señala que la posibilidad de secesión de Quebec es muy real, pero la preferencia histórica de ingleses, franceses aborígenes "no ha sido abandonar la federación, sino renegociar los términos de esta para alcanzar un mayor nivel de autonomía". Puede decirse algo similar para el caso de España: las pretensiones de secesión del País Vasco son reales, pero con inclinación de los catalanes, gallegos y demás nacionalidades y regiones no ha sido la independencia de España, sino avanzar hacia un federalismo que ofrezca mayores competencias políticas y financieras a las entidades autónomas.

Una experiencia que ejemplifica el potencial de la autonomía para fortalecer la unidad nacional es el caso de Nicaragua, después del triunfo de los sandinistas. El rechazo del gobierno revolucionario a las demandas de los grupos étnicos de la Costa Atlántica provocó su alzamiento. Esta contradicción fue utilizada por el gobierno de los Estados Unidos para buscar la independencia de la Costa Atlántica del Estado nicaragüense e imponer sus intereses. Si bien la política estadunidense no estaba directamente encaminada a favorecer a la población costeña (incluyendo a los indígenas y otras comunidades étnicas: negros, garífonas, etc.), sí la utilizo como pretexto para su intervención. El hecho es que la carencia de una política clara por parte del gobierno sandinista estaba sentado las bases para una fragmentación nacional. Esto llevó a los sandinistas a explorar diversas soluciones al conflicto, logrando, mediante el proyecto de autonomía regional para la Costa Atlántica, el desarme de los indígenas rebeldes y la incorporación de un sector importante al proceso autonómico y revolucionario. La autonomía regional fortaleció la unidad nicaragüense, alejando la amenaza estadunidense sobre la Costa Atlántica y el peligro de desmembramiento de la nación; al mismo tiempo, el régimen de autonomía sentó las premisas de un Estado nacional más democrático.  A raíz de la derrota electoral de los sandinistas, en 1990, lo único que ha sobrevivido a los cambios producidos por la revolución ha sido el régimen de autonomía.

En fin, las experiencias en todo el mundo muestran que los movimientos separatistas suelen desarrollarse cuando el régimen insiste en privilegiar a uno de sus componentes étnicos y hacer desaparecer a los otros, y combate todo signo de las aspiraciones de autonomía. Esta postura acentúa y politiza las diferencias étnicas, orillando a las colectividades étnicas subordinadas hacia posiciones secesionistas, en la medida en que estas se sienten amenazadas y ya no están dispuestas a seguir aceptando su discriminación política y social, y estiman que la autodeterminación es imposible dentro del Estado al que están insertas. En cambio , los países que reconocen, oportunamente, los reclamos de autogobierno de los grupos étnicos o nacionales, han logrado un nivel de unidad y estabilidad social aceptable, con grandes posibilidades de desarrollar un "sentimiento común de solidaridad entre la población en general", esto es, un "patriotismo compartido".

Ahora bien, si la autonomía no rompe con la unidad nacional, ¿por qé los gobiernos la rechazan enérgicamente?. Creemos que existen por lo menos tres razones.

1) la asociación unilateral del derecho a la autodeterminación con la independencia;

 2) el predominio del modelo de Estado-nación, que pretende una congruencia entre el Estado y la comunidad étnica y, por lo tanto, rechaza toda posibilidad de identificación del Estado con los diversos grupos étnicos existentes en sus fronteras;

 3) la naturaleza (o la tendencia) centralizada de los Estados constituye el principal obstáculo para el diseño de un sistema político descentralizado basado en la diversidad cultural. La descentralización de poderes del nivel central a las entidades autónomas es la condición básica para el real funcionamiento del régimen de autonomía

 

 

 

 

Sinkiang Uigur 

 

Mingsia Hui

 

Quebec

Nicaragua

 

 
   
   
   

 
   
   

 

 

 
   
 
   
   

 
 
 

 

 

Derecho a la autodeterminación:

 

El concepto de autodeterminación tiende a relacionarse con la independencia, soberanía y constitución de un Estado nacional. Esta perspectiva tiene su origen en la Europa del siglo XIX, con el despertar de la conciencia nacional y la aspiración a constituir un Estado nacional propio. Es cuando el nacionalismo se liga con el pensamiento democrático liberal: este aporta el principio de la soberanías popular o el derecho de un pueblo a decidir la forma de gobierno que desee, y el nacionalismo proporciona el requisito  de que sea el conjunto de las personas que constituye una nación el que reciba colectivamente el derecho a autogobernarse. Con esta articulación el nacionalismo adquiere un carácter político; la libertad política se asocia a la libertad nacional y a la autodeterminación con la voluntad y el deseo de una nacionalidad de hacerse de su propio Estado. Con base a estas ideas se desarrollo  el "principio de las nacionalidades", que en términos generales significa el derecho a cada nación a tener su propio Estado independiente. A este principio apelaron los movimientos nacionales (sobre todo por aquellas naciones divididas en distintos Estados) italiano, alemán, polaco, griego, belga, irlandés, después de 1830, en la época de las revoluciones democrático burguesas.

A finales del sigo XIX, el principio de las nacionalidades fue sustituido por el derecho a la autodeterminación, que significaba el derecho de cada nación a formar en su territorio un Estado aparte, independiente y soberano. Los alcances de este derecho eran los mismos que los del principio de las nacionalidades, la diferencia radicaba en el énfasis puesto en la definición de la nación, como sujeto de derecho, y en los fundamentos en que basaban los movimientos nacionales sus reclamos. Aunque en ambos principios el componente étnico de la nación es fundamental,  los movimientos que apelaban al principio de las nacionalidades enfatizaban los fundamentos democrático liberales, a la voluntad de una nación de tener su propio Estado, y los movimientos que reclamaban el derecho a la autodeterminación enfatizaban los rasgos étnicos de la nación y su realización en un Estado nacional propio. Esta última fue la característica de los movimientos nacionales de Turquía, Rusia, Austria-Hungría, así como en el interior de los Estados nacionales europeos, y algunas colonias de Asia.

En ese mismo periodo de exacerbación de los movimientos nacionales en Europa central y oriental, los socialistas, particularmente los rusos, adoptaron el derecho de las naciones a la autodeterminación por considerarlo fundamental en las "tareas de la liberación nacional en un ambiente de opresión nacional". Para Lenin, el significado de este derecho tiene el mismo sentido que el principio de las nacionalidades: "la autodeterminación política, la independencia estatal, la formación de un Estado nacional". La diferencia radicaba en el énfasis puesto por los bolcheviques en la democracia política y la igualdad de derechos de todas las naciones, como los fundamentos del derecho a la autodeterminación. A raíz de la Revolución de 1917, el gobierno soviético puso en marcha un plan para dar una solución pacífica al problema de las nacionalidades y los pueblos sujetos al antiguo imperio ruso, basado en la "abolición de la desigualdad nacional" y el establecimiento de la igualdad nacional con la conformación de una federación de naciones. También desplegó una política internacional en contra del imperialismo y el sistema colonial y de apoyo activo a los movimientos de liberación nacional que se desarrollaban en las colonias inglesas, francesas, holandesas, italianas de Asia y África y abogo por su independencia nacional. Estas acciones atrajeron la simpatía de muchos de los dirigentes de los movimientos de liberación de los pueblos coloniales (China, Vietnam, Angola, Malasia, Argelia), quienes adoptaron lasa interpretaciones marxistas-leninistas sobre el colonialismo y la cuestión nacional, y asociaron las tareas de liberación nacional con el socialismo.

Los movimientos nacionales árabes, asiáticos y africanos, algunos de los cuales habían surgido antes de 1914, adquirieron mayor fuerza después de la Segunda Guerra Mundial y se convirtieron en el foco de atención internacional, sobre todo a raíz del establecimiento  de la "guerra fría". Es entonces cuando se expresaron en el ámbito internacional dos posiciones respecto a los reclamos de emancipación de los pueblos coloniales: la del bloque de los anticolonialistas, bajo el liderazgo soviético, que exigían la independencia de los pueblos coloniales, y, por otro lado, la de los norteamericanos y sus aliados europeos, que ofrecían una evolución política de las colonias hasta que estuvieran en condiciones de alcanzar su independencia, con lo que retardaban las exigencias de una liberación nacional inmediata e incondicional.

La ambigüedad de la posición norteamericana sobre el problema del colonialismo se manifestaba en su doble discurso: por un lado, retomó el   principio liberal wilsoniano del derecho de los pueblos a la autodeterminación, que consistía en "el derecho de cada pueblo a elegir la forma de gobierno bajo la que desea vivir", como uno de los principios de su política respecto a las reivindicaciones de los pueblos coloniales, y, por otro lado, se negó en diversos foros internacionales a condenar el régimen colonial, e incluso se opuso a la petición del bloque anticolonialista en la ONU a convertir el derecho de los pueblos a la autodeterminación en uno de los principios legales de la Declaración de los Derechos Humanos. Sin embargo, la exacerbación de los movimientos de liberación nacional y la influencia del triunfo de la República Popular de China, en 1949, obligó a Estados Unidos a decidirse por la descolonización para contener el avance de las ideas y los movimientos nacionalistas de orientación comunista. Las condiciones internacionales y los movimientos de masas en las colonias hicieron posible la liberación nacional de los pueblos coloniales.

En la Declaración Universal de Derechos Humanos, adoptada y proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1948, establece en el artículo 1: "Todos los pueblos tienen el derecho de  autodeterminación. En virtud de este derecho establecen libremente su condición política y proveen así mismo  a su desarrollo económico, social y cultural". Esta formulación difiere en tres aspectos importantes de los otros principios ya señalados: a) no se refiere a las naciones como las beneficiarias exclusivas de la autodeterminación, sino que establece que todos los pueblos  en general son sujetos del derecho a la autodeterminación; b) no dispone una relación única y lineal entre autodeterminación y constitución de un Estado nacional independiente y soberano, sino que establece el derecho a la autodeterminación como un principio general, dejando abierta las opciones políticas que los pueblos decidan.

Pero la falta de definición de qué o quiénes son los pueblos tiende a limitar la aplicación del derecho a la autodeterminación. Los Estados han pretendido atribuir este derecho  a las colonias, negando su aplicación a los grupos nacionales o étnicos que se encuentran dentro de sus fronteras. Sin embargo, la idea de autodeterminación, como derecho no sólo de los pueblos sometidos por potencias extranjeras sino también de los pueblos insertos en Estados independientes , se ha extendido en los movimientos étnicos. Los pueblos indígenas y las minorías nacionales, han venido insistiendo en que también son pueblos (con su propia cultura, lengua, historia, tradiciones, religión y pasado político) y, que como tales, tienen el derecho a la autodeterminación. Aunque los pueblos indios, como la mayoría de las minorías nacionales, considerándose sujetos del derecho a la autodeterminación han optado por la autonomía sin romper la unidad nacional. La autonomía se reivindica como parte de una plataforma de transformaciones democráticas y descentralizadoras del Estado, que implique el autogobierno de las colectividades étnicas. Esta opción por la autonomía viene a ampliar el concepto de autodeterminación del derecho internacional, que había estado relacionado exclusivamente con el de independencia, soberanía y constitución de Estados nacionales.

Habría que subrayar que la característica de la mayoría de los movimientos étnicos en la actualidad consiste en que aspiran a la autonomía y no a la independencia. Si desde principios del siglo XIX hasta los años sesenta y setenta del siglo XX predominaron los movimientos nacionalistas de orientación separatista, en las ultimas décadas han sido predominantes los movimientos que reclaman autonomía, tanto en Europa como en América Latina, Asia y África. Son contados los movimientos independentistas (Birmania, el País Vasco, Quebec, Irlanda del Norte, Chechenia, Kurdistán, Somalia), cuyos reclamos son tan validos y justos como los de otros pueblos que ya alcanzaron tales metas.

En la actualidad, el derecho a la autodeterminación en el derecho internacional puede interpretarse de la siguiente manera: los sujetos del derecho a la autodeterminación puede serlo cualquier conjunto de personas que se considere como "pueblo"; y, puesto que no se indica ninguna excepción a este término, la cualidad de pueblo puede extenderse a las naciones, nacionalidades, etnias y pueblos indígenas, que así se estimen. Como no se establece la forma concreta de ejercicio del derecho a la autodeterminación, cada pueblo habrá de decidir libremente la condición política que mejor satisfaga sus aspiraciones históricas. Aunque las formas de gobierno que estos decidan están de alguna manera acotadas, ya que solo pueden optar por alguna de las vías reconocidas internacionalmente, tales como:

  1. la independencia y constitución de un Estado nacional propio

  2. la asociación con una o varias entidades políticas para constituir una federación, confederación, o alguna otra forma de unidad política

  3. la autonomía dentro del Estado nacional.

En el Grupo de Trabajo sobre Poblaciones Indígenas de las Naciones Unidas, se ha venido discutiendo, desde 1988, un proyecto de Declaración Universal sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, con la participación de diversas organizaciones indias, organismos no gubernamentales y otras entidades interesadas. Las organizaciones indias han insistido en que se incluya la condición de pueblo indígenas y el reconocimiento que se confiere a todos los pueblos en el derecho internacional: el derecho a la autodeterminación, lo que incluye el derecho a la autonomía. Si bien estos derechos se han incorporado al proyecto, sus enlaces no están todavía clarificados, y los representantes de los diversos estados que participan en los debates, que se realizan anualmente en Ginebra, Suiza, han tratado de anular o limitar el derecho a la autodeterminación y a la autonomía de los pueblos indios. los desacuerdos han retardado la presentación de dicho texto en las asambleas de la ONU para su aprobación.

La reivindicación de autonomía de los pueblos indios es representativa en, por lo menos, cuatro aspectos. En primer lugar, la legitimidad de la demanda de autonomía se basa precisamente en el principio general del derecho a la autodeterminación. Los indígenas se consideran pueblos y reivindican la autonomía como la forma concreta de ejercer su derecho a la autodeterminación. en segundo lugar, la cualidad del pueblo se sustenta en la etnicidad, en el carácter histórico de las colectividades indígenas, y su posición actual dentro del Estado nacional en el que están insertos. En tercer lugar, la autonomía significa la conformación de entes autónomos en el marco del Estado nacional preexistente; en consecuencia , la autonomía no implica la independencia, soberanía y constitución de un Estado nacional propio. El reconocimiento del derecho a la autonomía comprende el establecimiento de nuevas relaciones entre el Estado nacional y los pueblos indígenas con base a un pacto autonómico, que conduzca a la cancelación del Estado homogeneizador, democrático, incluyente y plural. En cuarto lugar y como consecuencia de lo anterior, los principios argumentos en los que se basa el reclamo de autonomía son el pluriculturalismo, la democracia, la libertad política, la justicia y la igualdad.

Estado nación o Estado pluriétnico

 
 

 

El Estado nación se convirtió en la única forma de organización política reconocida como legítima y la única con atribuciones soberanas. Los Estados nacionales, siguiendo el modelo forjado durante la revolución francesa, se concibieron como entidades políticas étnicamente homogéneas (cada nación un Estado), pero en la practica esto no fue ni ha sido posible. La gran mayoría de los Estados nacionales que se conformaron tanto en Europa como en Asia, África, América y Oceanía, son culturalmente heterogéneos, están conformados, según el caso, por diversas naciones, pueblos o culturas que mantienen sus identidades diferenciadas, aunque muy pocos países reconocen esta realidad. Muchos insisten en eliminar las diferencias étnicas e imponer la cultura de la nacionalidad dominante; otros han reconocido la naturaleza pluriétnica del país, pero no todos quieren admitir los derechos y los cambios en la estructura del Estado que tal reconocimiento supone. Solo algunos Estados han aceptado asumir legal y políticamente los derechos que les asisten a las diversas colectividades étnicas y las transformaciones que ello implica.

La tendencia a identificar al Estado con una nación (o una identidad étnica) y a rechazar una perspectiva plural, resulta de dos concepciones que influyeron de manera significativa en la construcción de los Estados nacionales (y también estuvieron presentes, en cierta medida, en los movimientos nacionalistas): la concepción romántica (particularista o historicista) y la concepción individualista (o universalista). En el enfoque individualista, no hay lugar para el sujeto colectivo, y el enfoque particularista se insiste en en el principio de "una cultura para cada nación y cada nación un Estado". El resultado de ambas perspectivas  en la homogeneneización nacional y el bloqueo a la composición pluriétnica del Estado.

Así, el Estado nación se concibe, por una parte, como una identidad política en la que sus miembros pertenecen a una sola nación, un solo pueblo y una sola cultura, y, por la otra, que a cada uno de sus miembros les corresponden ciertos derechos y libertades individuales. Se ignora la existencia de otros pueblos y naciones con identidades distintas en el seno del Estado nación y, en consecuencia, se rechaza la posibilidad de reconocer derechos particulares a las colectividades diferenciadas. Como corolario de esta perspectiva, los gobiernos han tratado por todos los medios a su disposición de destruir las identidades étnicas distintas y de obligarlas a asimilarse o integrarse a la cultura de la nacionalidad dominante y, en todo caso, se deja que la mayoría se imponga sobre las minorías étnicas. El carácter excluyente de este modelo de Estado nación ha sido la causa principal de la mayoría de las actuales conflictos étnico-nacionales en el mundo.

El Estado nación ha sido ampliamente cuestionado por los movimientos étnicos que presionan a favor de un pluralismo étnico y exigen su participación en la organización política del Estado a través de la autonomía o el federalismo. En la actual transición hacia la globalización, las luchas protagonizadas por los pueblos indígenas, grupos étnicos o nacionales en diversas partes del mundo demuestran, una vez más, que la diversidad  étnica y nacional no es un fenómeno transitorio o en proceso de desaparición. Por el contrario, las particularidades étnicas y nacionales tienden a acentuarse por los efectos de la globalización, por las extensión de las ideas y los progresos de la democracia, así como los derechos y libertades políticas.

Aunque el Estado nacional permanece todavía como la única forma de organización política reconocida con legitimidad, y no se prevea aún su eliminación,  si puede ser profundamente transformado en una dirección pluralista y en la descentralización del poder. En una perspectiva plural, el punto de partida consiste en admitir que un Estado es culturalmente diverso cuando sus miembros pertenecen a diversa naciones (plurinacional), pueblos (pluriétnicos) y culturas (pluricultural). Pero no basta con reconocer la existencia de estas colectividades y la protección de sus derechos y libertades individuales (como insiste muchos liberales), sino que se requiere reconocer sus derechos colectivos y establecer medidas legales y constitucionales específicas para que las colectividades étnicas puedan asumir las decisiones y el control sobre sus propios asuntos. Se trata, en consecuencia, de transformar la organización política del Estado y de sus poderes, con el fin de que éste refleje y de expresión a las diversas colectividades étnicas que lo integren.

El derecho a la autonomía deriva de un principio interno establecido en las constituciones democráticas (además del mencionado en el derecho internacional): la soberanía popular, o el gobierno del pueblo. Si la soberanía es la facultad que posee el pueblo para autodeterminarse, para elegir o modificar la forma en que ha de gobernarse, en un Estado pluriétnico o multinacional cada uno de sus pueblos o colectividades étnicas deben gozar de esa prerrogativa. La forma que habrían de ejercer este derecho soberano debe resultar de un pacto o acuerdo entre los distintos pueblos y el Estado.

En los países donde se ha alcanzado un acuerdo de este tipo, y las colectividades étnicas (pueblos indios, nacionalidades, etc.) han optado por alguna forma de autonomía política, en las negociaciones se han acordado las instituciones con facultades de autogobierno, a través de las cuales podrán las colectividades étnicas desarrollar su peculiaridad política y asumir las funciones y competencias que serán transferidas por el gobierno central así como los principios básicos que darán sustento a los entes autónomos y su relación con la estructura nacional, y las formas de cooperación y coordinación entre los entes autónomos, el gobierno central y la sociedad en general.

Concretamente, cuando se ha acordado un régimen de autonomía, ello ha supuesto definir un rango constitucional de la autonomía y adoptar el estatuto de la misma.

 
 
 
 
 
 
 

 

 
   
   
 

            

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