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Si los satélites meteorológicos permiten cubrir de forma
prácticamente continua grandes extensiones atmosféricas y
proporcionan información sobre la zona superior y estructura externa
de las formaciones nubosas, los radares son el complemento adecuado
y eficaz, por su capacidad de proporcionar información sobre la
estructura interna y distribución de la precipitación en el interior
de las nubes.
Las observaciones efectuadas por el radar son esenciales para la
detección, seguimiento y predicción del movimiento y evolución de
fenómenos meteorológicos de tipo severo.
Además, las modernas técnicas de proceso permiten la obtención de
valores cuantitativos de elementos específicos de gran interés como
pueden ser la lluvia o el viento.
La forma en que un radar de vigilancia meteorológica permite
escudriñar en el interior de los sistemas nubosos y localizar las
regiones en que se inicia la formación de la precipitación, así como
el aumento o disminución de su intensidad y los desplazamientos de
ésta (tanto en la vertical como en la horizontal) es la siguiente:
El equipo genera frecuentes impulsos cortos de energía (del orden de
200 cada segundo y con duración del orden del microsegundo) en el
rango de las radiofrecuencias, longitudes de onda centimétricas,
concretamente 5 cm (Banda C).
Esta energía es concentrada en un haz muy estrecho por una antena
que va sucesivamente enfocando a distintas radiales (mediante un
sistema de rotación continuo) y en distintas elevaciones (mediante
un sistema de elevación por saltos cada vez que se genera un giro en
azimut); de esta forma el radar realiza una exploración volumétrica
completa de todos sus alrededores, obteniendo información tanto en
la horizontal como en la vertical. La energía radiada interacciona
con el medio, las nubes y la precipitación (blancos), siendo
retrodispersada de nuevo hacia la antena (eco); la energía devuelta
depende del tipo y tamaño de los elementos que componen la nube. Es
despreciable para las gotitas típicas de nube (radio del orden de 10
micras) pero ya es importante para las gotas o elementos de
precipitación (radio típico de gota de lluvia 1 mm).
De la posición en azimut y elevación de la antena y del tiempo de
retraso desde que se emite el pulso hasta que se recibe el eco, el
equipo radar deduce la localización en el espacio de los blancos, y
a través de la intensidad del eco devuelto realiza una estimación de
la cantidad de precipitación existente.
Las mejoras con el nuevos radares de última
generación
Trabaja en modo
Doppler con un radio de alcance de 240 Km.
Aumento de la resolución geométrica a 1 km y 0,5 km y de la
frecuencia máxima de exploración a 5 minutos.
Productos: De
los 12 CAPPIs o cortes horizontales se ha pasado a 31; base de ecos;
cizalladura del viento; estimación de la precipitación a nivel del
suelo; mapa bidimensional de vectores viento; perfiles verticales
del viento; alarmas automáticas en áreas concretas y de diferentes
variables (inundaciones, granizo, cizalladura, precipitación,
tormentas severas y descargas eléctricas); estimación de isocero y
capa de fusión; además de la mejora y actualización de todas las
existentes en el radar anterior gracias a una mayor sensibilidad y
resolución y a mejores técnicas de tratamiento de la información
base.
Integración de la información radar con la proveniente de satélites
meteorológicos y de la red de descargas eléctricas de AEMET,
mejorando la identificación y seguimiento de las estructuras
meteorológicas potencialmente adversas, como tormentas.
Beneficios de estas
mejoras
El nuevo radar permite una notable mejora en la observación,
seguimiento y predicción a muy corto plazo (“nowcasting”) de
sistemas precipitantes, en particular, aquellos que dan lugar a
fenómenos adversos (precipitaciones intensas), lo que se traduce en
una mayor
exactitud en la emisión de los avisos asociados a esos fenómenos.
Presentación de información más adaptada a las distintas demandas de
la sociedad:
Productos hidrológicos por cuencas hidrográficas, entornos
poblacionales, alertas de nowcasting personalizadas para prevención
de avenidas e inundaciones, gestión de recursos hídricos como
embalses, redes de alcantarillado, etc. Perfiles verticales de
viento, turbulencia y cizalladura, de gran ayuda para la navegación
aérea en el entorno de aeropuertos, y para actividades de
monitorización de contaminación y calidad ambiental.
Presentación de la información acoplada a otro tipo de información
geográfica, como rutas de comunicación aéreas, marítimo-costeras,
ferroviarias y de carreteras; núcleos poblacionales; espacios
naturales; zonas turísticas; etc.
Conviene recordar en este momento que según todos los informes de
los equipos de expertos de la Organización Meteorológica Mundial
sobre beneficios de la meteorología se estima que por cada dólar que
se invierte en meteorología, la sociedad recibe, en promedio, 5
dólaes en beneficios, considerados como tales el valor de la
información proporcionada para la toma de decisiones en todos los
ámbitos profesionales, la mitigación de daños causados por fenómenos
adversos, etc.
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