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Miguel
Enrique Reyes tiene la tez clara pero un poco menos que su hija, que
posiblemente heredó el color de piel de sus bisabuelos españoles.
Ella también tiene el pelo tan lacio y negro como el de su madre,
Elisa Ávila, natural de Miches, cobriza, algo menos que el mayor de
sus tres hijos y completamente diferente al más pequeño, que tiene
el pelo ondulado y la carita ligeramente más ancha.
“Tenemos algunos familiares parecidos”, remata la madre con una
sonrisa placentera.
Sin haber salido nunca de este lugar, los Reyes Ávila encarnan el
mestizaje en el sentido más estricto de la palabra y son quizá el
último tramo de una ruta que la especie humana inició hacia las
Antillas entre los 6000 y 1000 AC, pasando por las tres oleadas
migratorias (indios americanos, españoles y africanos) que más o
menos definieron el perfil genético de los dominicanos.
Ahora, cuando la huella dejada por la humanidad sigue siendo un
misterio que la ciencia trata de desentrañar, un grupo de
investigadores ha descubierto la presencia de genes de nativos de
las islas Canarias (blancos y de ojos azules conocidos como
guanches) y del tipo euroasiático en un porcentaje de la población
dominicana actual, tal como en su fase preliminar encontró rastros
genéticos de indios taínos en hasta un 18 por ciento del mismo
conglomerado.
El hallazgo fue hecho por un equipo multidisciplinario de la
Universidad Central del Este y de la Universidad de Puerto Rico,
recinto Mayagüez, que hace dos años inició el estudio para conocer,
a partir de pruebas de ADN (ácido desoxirribunuclieco) mitocondrial
(que se hereda únicamente por vía materna), el origen de los
primeros pobladores de la isla y para determinar la composición
genética de sus habitantes.
Los guanches
“Es sorprendente la presencia de genes guanches y euroasiáticos en
la población dominicana”, dijo
por teléfono a LISTÍN DIARIO Juan
Carlos Martínez-Cruzado, director del Departamento de Biología
Molecular de la Universidad de Puerto Rico, recinto Mayagüez, y
encargado de la contraparte puertorriqueña en el estudio “Orígenes
continentales de las primera poblaciones de las islas del Caribe y
los movimientos migratorios que los formaron”.
El investigador explicó que hay dos maneras en que los guanches,
cuya presencia también ha sido confirmada en Puerto Rico, pudieron
haber llegado a las Antillas: la primera es que las islas Canarias,
cuya conquista fue completada por los españoles en 1495, sirvieron,
entre otras cosas, como fuente de esclavas blancas en las primeras
décadas de presencia española en las Antillas. La segunda, dijo
Martínez-Cruzado, es que siglos después ocurrieron migraciones de
canarios pobres al Caribe que venían a trabajar la tierra.
“Gran parte de estos canarios eran mestizos y de seguro trajeron ADN
mitocondrial de origen guanche a las mismas”, respondió el
científico puertorriqueño en un cuestionario que LISTÍN DIARIO
también le envió por correo electrónico.
Hombre de Cro-Magnon
Herbert Wendt, en su libro “Empezó en Babel”, aparecido hace
casi
cuatro décadas, hace referencia a este pueblo casi desconocido en
América y el Caribe. El historiador alemán dice que los guanches son
descendientes del hombre de Cro-Magnon que, “desde el punto de vista
antropológico, se conservaron casi intactos hasta la época
histórica”.
“Hijos legítimos de la cultura capsiense fueron los primitivos
saharianos, los antiguos libios, los bereberes, los hombres de
cabello rubio, ojos azules y rostro casi cuadrado. Los canarios
descienden de estos norteafricanos ‘cromañonenses’ que llevaron la
cultura capsiense a las islas (Canarias), aunque no le dieron
ulterior desarrollo”, dice.
“A causa de su largo aislamiento, los guanches descendieron otra vez
al nivel de cultura de los trogloditas, que ya habían superado”,
agrega Wendt.
Sobre la presencia de genes euroasiáticos en la población dominicana
actual, el doctor Fermín Mercedes, decano de Ciencia y Tecnología de
la UCE, dice que éstos pudieron haber aparecido en las primeras
migraciones hacia las Antillas o en posteriores desplazamientos.
Hay más
Pero el estudio de la Universidad Central del Este y de la
Universidad de Puerto Rico, recinto Mayagüez, que se realiza con la
colaboración del Museo Arqueológico Regional de Altos de Chavón,
también ha determinado, de manera preliminar, que existen siete
linajes compartidos entre República Dominicana y Puerto Rico, cuatro
de los cuales son mucho más comunes en este último país.
Según Martínez-Cruzado, este descubrimiento sugiere migraciones de
Puerto Rico a República Dominicana en el pasado, tal como se ha
establecido en diferentes teorías sobre el poblamiento de las
Antillas.
“Los otros tres son comunes en ambos países y requiere mayor
estudio. De los diecinueve linajes maternos indígenas en Puerto
Rico, siete se comparten y doce son exclusivos de Puerto Rico. En
República Dominicana hemos identificado 24 linajes de los cuales
diecisiete son exclusivos del país; algunos de estos son exclusivos
del Cibao, otros de la región Sureste y otros de la región
Suroeste”, aseguró el investigador puertorriqueño.
El análisis del ADN mitocondrial permite trazar rutas migratorias a
través del tiempo, por lo que incluso para los Reyes Ávila, la
familia que vive en este apartado municipio y que no ha sido
sometida a ningún estudio en particular, las investigaciones que se
llevan a cabo podrían aclarar el origen de los dominicanos y de los
componentes genéticos que predominan en la actualidad.
“Alguna vez me han dicho que él es diferente, sobre todo cuando era
más pequeño”, asegura Reyes en referencia a su hijo mayor, Osvaldo,
que tiene la apariencia física de un nativo precolombino, aunque por
la forma en que lo dice es fácil deducir que el que no sea igual a
los demás es lo que menos le preocupa en este mundo. |
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