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Para un
revolucionario canario, que quiere un mundo distinto y acabar con las
fronteras, no es fácil hablar de Ley de Residencia pero, si tenemos que ser
consecuentes con la realidad, es importante hablar y debatir sobre ello. Más
aun cuando el mundo se encuentra dividido por fronteras y Canarias
colonizada por España y las multinacionales europeas.
Hay muchas maneras de matar a un pueblo. Y al pueblo canario lo están
matando poco a poco los españolistas de todos los colores. Europa hasta la
fecha en nada ha beneficiado a Canarias. La agricultura, la ganadería y la
pesca están en un cada vez mayor en declive, por no decir en muerte clínica.
Los miles de millones de euros recibidos de Europa han ido a parar a los
lacayos del colonialismo. Han hecho desaparecer del mercado internacional
nuestros sectores básicos. Las subvenciones solo están llenando los
bolsillos de unos pocos. En nada benefician al pueblo trabajador canario,
que cada día esta más empobrecido y con los peores salarios y la cesta de la
compra más cara de Europa.
En los diez últimos años han establecido su residencia en las islas una
media de cincuenta mil habitantes por año. Esto ha supuesto quinientos mil
nuevos residentes en un territorio fragmentado de 7.541 Km2. Nunca en ningún
otro lugar del mundo la población ha crecido tanto.
Canarias ha pasado de un millón y medio de habitantes en el 1996 a dos
millones en el 2006. Si este crecimiento continúa, el Archipiélago será
insostenible social, ecológica y económicamente en el futuro, por lo que es
obligada una Ley de control del crecimiento demográfico.
En Europa y en el resto del Mundo ya existen muchos precedentes de
territorios que tienen controles de población en sus espacios geográficos.
Una Ley de Residencia en Canarias no generaría ninguna situación excepcional
en la Unión Europea: muchos países de la propia UE tienen establecidos en
parte de sus territorios nacionales controles estrictos de asentamiento,
incluido la de propios nacionales y comunitarios.
Francia tiene limitada su población en Córcega. Italia en la Isla de Elba,
Cerdeña y Sicilia. Inglaterra tiene limitada la población en las Islas del
Canal o Anglonormandas, Isla de Man, Islas Horcada e Islas Hébridas.
Dinamarca lo mismo en la Islas Feroe. Grecia en muchas islas del mar Egeo,
en las islas del Dodecaneso y en las Esporadas Septentrionales. Portugal en
Madeira y Azores. Si continuamos veremos que en la mayorías de las islas del
planeta, incluso en territorios continentales, se controla el asentamiento
de nuevas poblaciones para la sostenibilidad del medio.
¿Qué es más progresista? La destrucción sistemática de los territorios
insulares o la regulación para que este no se destruyan? Hay que ser claro:
a mayor población, más carreteras, más coches, más hoteles, más viviendas,
más chatarra, etc...
¿Que queremos para el futuro de Canarias, un Hong Kong, un Taiwan o un
territorio sostenible?
Seamos claros claro sobre el tema de la emigración: ningún ser humano quiere
dejar su tierra madre. Emigramos porque pasamos necesidades en nuestra
tierra. Cuando la mayoría de los canarios y africanos cruzamos las fronteras
europeas, los policías nos han registrado e interrogado como si fuéramos
delincuentes. A muchos nos han apaleados a la salida de las discotecas. Nos
han escupido a nuestro paso por las calles al confundirnos con árabes, por
ser morenos.
Eso no es todo. Los emigrantes en Europa hacemos los peores trabajos. Muchas
veces nos utilizan como carne de cañón en empresas contaminantes. No se nos
reconoce los años de experiencia y los conocimientos en el puesto de
trabajo. Cuando el europeo ve la oportunidad, nos maltratan de palabra
llamándonos moros, cabeza negra, sudacas, canaco, etc...
Como colofón cuando regresamos los canarios a nuestra tierra nos sentimos
extranjeros. Si vas a un hotel a pedir trabajo aunque hables perfectamente
varios idiomas, siempre tendrá preferencia la buena presencia europea ya
que, auque el europeo sea analfabeto funcional, para el empresario vende mas
su físico que un afro-canario.
No actúa igual un inmigrante por motivos políticos o económicos que un
inmigrante incentivado por el colonialismo. Mientras el inmigrante
político-económico trata de adaptarse al país de acogida, el inmigrante
incentivado viene con aire de superioridad a la colonia demostrando un claro
aire de despotismo en el trato con los nativos.
Los franceses en sus colonias son un buen ejemplo. En particular en Nueva
Caledonia, en su día de mayoría nativa, que es hoy día una minoría despojada
de sus riquezas. Por no hablar de las pruebas nucleares que hicieron los
franceses en la Polinesia en los años 1966 al 1974.
La política de España con respecto al Archipiélago Canario no se diferencia
en mucho a sus vecinos franceses. Por eso los españolistas no quieren una
Ley de Residencia en Canarias, sino seguir españolizando las islas y
convertir a la población autóctona canaria en una minoría en su propia
tierra, como ya han conseguido en Fuerteventura y Lanzarote.
La Ley de extranjería española no trata a todo el mundo con el mismo rasero.
Mientras que los europeos pueden circular trabajar y establecerse en
Canarias libremente, a los que provienen de los países empobrecidos de
América Latina y África se les cierran las puertas y se les humilla.
El proyecto de Ley de Residencia que los independentistas canario proponemos
es distinto y contrapuesto a la política de los partidos políticos y
sindicatos españolistas. Queremos derechos y trato igual para todos los
trabajadores, sean canarios o extranjeros. Y mayor facilidad para
establecerse en Canarias a los inmigrantes que más lo necesitan, en
particular a las personas que provienen de las guerras y hambrunas de
nuestro Continente Africano.
José Luis Valdés |
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