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Está claro que existe un gran interés por parte de los dos partidos
mayoritarios españoles (PSOE y PP) en que desaparezcan o queden laminadas
las grandes formaciones nacionalistas como CIU, PNV y CC-PNC. Sí, grandes
porque en sus respectivos países lo son, ya que arrastran cientos de miles
de votos. Al igual que ocurre con los independentistas ERC y BNG. Pero
últimamente advertimos una especial fijación con el nacionalismo canario,
que llega a ser obsesiva y paranoide en algunos dirigentes del PSOE porque
han visto frustradas sus apetencias de gobierno y porque la especial
situación geopolítica del Archipiélago así lo determina. Con el insulto, la
crispación y las acusaciones de corrupción quisieron herir de muerte a
Coalición Canaria durante las últimas elecciones autonómicas, para luego
rematarla en los pasados comicios generales. Pero no lo han conseguido. ¡Qué
más quisieran ellos! A pesar de su apabullante colonización mediática, como
muy acertadamente comentaba hace poco Juan Manuel García Ramos, y a pesar de
la bipolarización exacerbada que se encargaron de propagar y propiciar los
citados partidos españolistas, CC sigue viva y coleando. Además, lo que
ellos no esperaban, y aunque a primera vista no lo parezca, es que ha salido
reforzada ideológicamente, pues la entrada en escena del PNC y los malos
resultados electorales -hay que reconocerlo, especialmente en la provincia
oriental- han servido para que esta formación política lleve a cabo una
catarsis interna que le permita avanzar en el enriquecimiento ideológico del
verdadero nacionalismo, de la mano del Partido Nacionalista Canario.
No, señores míos, el nacionalismo canario no sólo no va a desaparecer, sino
que ya está en el imparable camino del reconocimiento de la identidad y de
la conciencia nacional. Ustedes, prepotentes nacionalistas españoles, que
siempre han controlado todos los poderes del Estado, no van a conseguir
someter el sentimiento y la dignidad de este pueblo que, cuando se ve
acosado, sabe luchar por su libertad y supervivencia, como ya lo hicieron
los guanches. Y esto no es un tópico, sino una verdad histórica. El sufrido
pueblo canario empieza a conocer ahora, después de más de 600 años de
colonialismo, que ha sido engañado, utilizado y sometido a un intento de
etnocidio. O lo que es lo mismo, a la represión y negación sistemática de
una cultura y genética propias, producto de la amalgama entre lo guanche y
lo ibérico (portugués y castellano, en este orden) y de enriquecedoras
aportaciones africanas, americanas y europeas. Interesadamente, desde el
poder central nos han contado una historia muy sesgada y tergiversada,
especialmente de las primeras décadas posconquista. Se han relatado los
hechos a su conveniencia de conquistadores, ocultando, minimizando o
justificando actos incalificables como las barbaridades cometidas con los
guanches. En definitiva, procurando negar nuestra identidad nacional. Los
hechos están ahí, y será la Historia quien los juzgue, pero también hay que
reconocer que no todo ha sido negativo y cada cosa hay que enmarcarla en su
época.
Pues bien, en este arduo pero ilusionante camino de unificación
nacionalista, el PNC tiene mucho que decir y que aportar. Los primeros pasos
ya se han dado y, tras las elecciones, los congresos nacionales de ambos
partidos conducirán, de una vez por todas y de manera inequívoca, hacia la
convergencia de todo el espectro del nacionalismo canario. El PNC ya se ha
adelantado por decisión unánime de su consejo político federal -no sólo de
su presidente, como se intenta hacer ver- proponiendo como lema congresual
"Por la unidad nacionalista".
A la vista de este trascendental movimiento, los antinacionalistas están
nerviosos y preocupados, y vuelven a atacar, como siempre lo han hecho, a lo
que ellos consideran más importante, a sus cabezas visibles, como el
carismático líder del Partido Nacionalista Canario, Juan Manuel García
Ramos, acusándolo de desmantelar el partido y vender sus siglas. Está de más
decir que esto no es cierto, pues todas las decisiones que en nuestro
partido se han tomado han sido bajo el consenso de los órganos
correspondientes. Su nombramiento como presidente, en 1998, fue por acuerdo
expreso de sus dirigentes y con el refrendo del Congreso nacional. Tanto en
aquellos momentos, como ahora, el nacionalismo canario necesita personas
como él para conducir a buen puerto el proceso de convergencia, ya iniciado
y propiciado también, con gran visión política de futuro, por el actual
presidente del Gobierno canario, Paulino Rivero.
Vivimos momentos cruciales, de supervivencia como pueblo, y por lo tanto,
los que de verdad amamos esta tierra debemos dejar de lado los personalismos
y ambiciones que nos desunen y debilitan, para así superar con sabiduría
todos los "teniques" que nos pongan en el camino, que serán muchos y
grandes. Trabajando unidos y aprendiendo de los errores pasados,
afrontaremos, quizás ya bajo las únicas siglas PNC, las elecciones del 2011
con espíritu de victoria. Nuestra querida patria canaria se lo merece.
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