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Aunque
fuera de ascendencia vasca, don Juan de Gordejuela había nacido en el
Realejo de Abajo, hijo de don Juan Vizcaíno de Escusa, y nieto de don
Jorge Grimón. Recibió cristiana sepultura en tierras del convento de
agustinos de San Juan Bautista, que él mismo había fundado, en lugar que
hoy conforma el núcleo urbano de San Agustín, llamado antes de San
Sebastián.
También fundó don Juan de Gordejuela el convento de Agustinas Recoletas,
que puso bajo la advocación de Santa Mónica y San Andrés, perteneciente,
igualmente, a la orden agustiniana. Con la ayuda del vecindario,
contribuyó eficazmente a la erección de la ermita de San Vicente, en el
barrio realejero de
este
mismo nombre, así como a la construcción de la capilla del Calvario,
junto a aquella. En sus tierras de Abona, fundó la ermita de San Juan de
Las Vegas. Casó don Juan de Gordejuela con doña Catalina de Mesa, hija
ésta de don Francisco de Mesa y de doña Mencía de Ocampo, matrimonio del
que no tuvo descendencia, razón por la que hizo venir de Vizcaya a su
sobrino, Domingo Gordejuela Salazar, el que, con el transcurso del
tiempo, heredaría los derechos de Regidor en el patronazgo de tierras,
conventos y ermitas.
Como recordamos en el título de esta relación, don Juan de Gordejuela
fue también Escribano y Regidor Perpetuo de la Isla
de Tenerife, títulos que le hicieron ganar la confianza del
Adelantamiento de Canarias, los Príncipes de Asculi, quienes le
encargaron el cuidado de los bienes que poseían en la Isla.
Por otro lado, al no haber tenido descendencia, se ha dado por perdido
el patrimonio de Gordejuela, subsistiendo, acaso, en el valle de este
nombre, en Vizcaya.
Aquí, entre los vecinos de Los Realejos, se le sigue recordando como un
gran benefactor que fue de la zona, junto a su esposa, la ya nombrada
doña Catalina de Mesa.
Pasto como fueron de las llamas los conventos agustinos de
San
Juan Bautista, en 20 de enero de 1806, y de San Andrés y Santa Mónica,
de agustinas descalzas, en 21 de febrero de 1952, hay que decir que, al
menos, aún siguen en pie la ermita de San Vicente y la contigua capilla
del calvario.
Supervive también el recuerdo del fundador en el nombre que sigue
llevando un lugar junto a la costa realejera, donde el Regidor tuvo
hacienda, sitio popular aún hoy en día, por discurrir en sus cercanías
el camino que baja hasta la playa de La Fajana, a trechos en forma de
interminable escalinata, que lleva hasta la misma orilla del mar.
Digamos de paso que junto a esa senda se levanta aún, aunque ruinosa
ya,
la edificación de tres plantas, en la que se albergaba la maquinaria
necesaria para la elevación de aguas, provenientes de nacientes
cercanos.
Muchos años hace ya que fue derruida la hermosa chimenea, circular y de
ladrillo rojo, que daba un singular encanto al lugar.
Por último, y como recordatorio y homenaje a tan ilustre personaje, hoy
lleva su nombre una pequeña calle de su pueblo natal, junto al lindero
de poniente del ya desaparecido convento agustino de San Juan Bautista.
Durante muchos años permaneció en la ermita del convento de Agustinas
Recoletas, el retrato del fundador, ermita que llegó a presidir la
hermosa imagen de Nuestra Señora del C armen, y que actualmente ocupa
lugar preferente en el santuario levantado tras la destrucción de ermita
y convento de Agustinas Recoletas, ya mencionados.
En el referido retrato, aparece ya Don Juan de Gordejuela, como
aureolado de su blanca gorguera, cansada su faz, canosa su barba, y
triste la mirada, como quien mira hacia atrás cargado de nostalgias, y,
a la vez, como premonición, con la mirada clavada en el futuro incierto
de toda su obra.
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