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Nace
en los Realejos en 1924 y consagra su vida por entero a esa gran
inquietud social y humana en pro de su pueblo y conciudadanos.
Obtuvo el titulo de Maestro de Primera Enseñanza en la Escuela Normal de
Tamaran (Las Palmas de Gran Canaria). Posteriormente cursa estudios y
obtiene la licenciatura
de
Ciencias Químicas en la Universidad de La Laguna. Perfecciona sus
conocimientos diplomándose en Didáctica de la Historia curso para
profesores de Enseñanza Media, en la Universidad de La Laguna. Después
de dar clases en varios colegios públicos, llego a fundar el colegio
"San Bernardo", bajo los auspicios del Ayuntamiento de Los Silos.
De todos es conocida la precaria educación estatal de aquella época.
Ello le anima a buscar la forma para que todos puedan estudiar y
alcanzar una formación elemental y sobre todo media que les abra loas
puertas de la Universidad, o bien, ocupar un puesto en la sociedad,
llegando esta difícil tarea a través de la dirección del colegio "San
Agustín", primer centro docente declarado de interés social de Canarias.
En la provincia empieza ya, desde este momento, a dar a la Villa de Los
Realejo una identidad propia en lo relativo a la enseñanza.
Además, hizo
llegar al Cabildo Insular razonadas
peticiones
de ayuda para dotación de becas, concediéndosenos por un año la cantidad
de doce mil
pesetas. Y poco después se atrevió a poner en marcha la idea, tanto
tiempo acariciada, de crear unas becas con el título de nuestro ilustre
literato Agustín Espinosa, adjudicándosele una de ellas a su propio
hijo, Agustín Espinosa Boissier (actualmente decano de la Facultad de
Ciencias de la Uned) y otras cuatro se distribuyeron a distintos alumnos
de entre los más aventajados.
En febrero de 1952 acaeció el incendio del ex convento
de
las
agustinas. Fue una auténtica desgracia: la gran fábrica de aquella edificación
de los primeros años del XVIII daba cobijo a muchas actividades e
instituciones, como
el consistorio y juzgado municipal, Correos, banda de música, cárcel,
oficina de abastos, escuela unitaria de niñas y la academia-colegio de
San Agustín. El edificio quedó íntegramente devastado y el desahucio fue
total; en la calle toda aquella actividad.
Era febrero, la mitad del curso, y tuve que dedicarme a buscar
soluciones inmediatas para sustituir las desaparecidas aulas. De
cualquier tamaño, valían las salas y locales domésticos, pero, eso sí,
en
los alrededores de la plaza de las flores, para evitar la dispersión del
alumnado. Debo agradecer todavía que no se diera abuso de precios en los
alquileres de aquellas viviendas a las que recurrimos. Porque, sin otra
explicación que el silencio, la subvención económica de ambos
ayuntamientos, alto y bajo, que sumaba 13.200 pesetas anuales, quedó
suspendida, y de aquel dubitativo "patronato" no se supo ni por dónde
andaba. A lo mejor era que ya por ese entonces de la desaparición del
edificio conventual dejaban de ser menos disimulados los comentarios
callejeros sobre la fusión municipal. Y ¡menos mal! que los
ayuntamientos no nos cobraban por tener en la calle los recreos y la
educación física en la plaza de las flores.
Cuando las circunstancias lo permitieron, decidió adquirir para sede del
colegio San Agustín un buen edificio de la calle General Franco, hoy La
Alhóndiga, esquina a calle La Virgen. Lo compré y pagué con mi dinero.
Nadie podía darse por engañado, porque no hubo engaño alguno en aquella
libre y honesta operación de compra; y ahora quiere meter baza el
frustrado alcalde de la Unión, trayendo a cuento aquello que se decía
del ladrón y los de su condición.
Al colegio San Agustín, del que fue su creador y director. Le entrego
muchas horas y desvelos, trabajos y preocupaciones; le dedico su vida y
su hacienda; y siempre con la brújula fija en el único norte de su
existencia: la educación, la enseñanza y la cultura de nuestra Villa.
Don Jesús Manuel Hernández, alcalde accidental fue de quien recibió el titulo
de "Hijo Predilecto" de la Villa de Los Realejos. estas fueron las
últimas palabras antes de recibir el titulo:
"Este homenaje que hoy recibo, lo comparto con todos y cada uno de mis
antiguos alumnos, sin distinción de creencias o ideologías. Para mí, que
Dios no ha querido dotarme de hijos a quien trasmitir mis principios y
quehacer docente social, todos mis alumnos son mis hijos, mi familia y
mi proyección de futuro".
Murió un 19 de mayo de 2008, después de unos meses de convalecencia en
su casa.
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