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El
eclesiástico ilustrado canario y profesor José de Viera y Clavijo, uno
de los fundadores de la Sociedad Económica nació el 28 de diciembre de
1731, hijo del alcalde del lugar, Gabriel Viera del Álamo, y de doña
Antonia María Clavijo, dama orotaveña. De constitución débil, prefirió
siempre la lectura al ejercicio y al juego. Estudió en el convento
dominico de La Orotava, donde destacó el las tesis de filosofía
escolástica que más tarde aborrecería. Desde niño versificaba con gran
corrección y esca sa
sensibilidad. Hizo un gran número de versos durante más de sesenta años.
En 1750 recibe las órdenes menores en La Laguna y poco más tarde las
órdenes mayores en Las Palmas de Gran Canaria. Tuvo diversos conflictos
con el Santo Oficio como pensador incómodo poco dispuesto a obedecer a
la tradición. Su carrera de autor e historiador quedó condicionada por
la revelación que le supuso la obra crítica de Feijoo. Tuvo una
personalidad definida por el deseo de saber y la actitud jocosa y
festiva; así se nos muestra en sus Memorias, su Autobiografía y sus
Diarios de viaje, como este que edito. Fue un autor polifacético: poeta,
novelista, traductor, científico, historiador, etc... y consagró su vida
a acopiar muy v ariados
conocimientos sobre historia de las Islas Canarias, ciencias naturales,
física (poema didáctico Los aires fijos, Madrid, 1780), etc. Su afán de
saber no fue, sin embargo, indiscriminado, como pudiera ser el de un
estudioso nacido en la Edad Media; como buen ilustrado tuvo siempre en
el criticismo la metodología predilecta para cribar sus conocimientos.
En 1756 se traslada con su familia a la ciudad de La Laguna. Es acogido
en las mejores casas de la capital como la de don Tomás de Nava Grimón,
marqués de Villanueva del Prado, donde comparte tertulia con don
Cristóbal del Hoyo Solórzano, don Fernando de la Guerra, don Lope de la
Guerra y don Juan Antonio de Urtusáustegui. Como resultado de las
tertulias recopiló 50 números de una especie de gaceta confidencial
titulada Papel hebdomadario, que no se conserva y que algunos consideran
el primer periódico de Canarias. El acceso a la excepcional biblioteca
del marqués le permitió leer a los grandes clásicos franceses y a los
filósofos y moralistas como el marqués d'Argens, Fontenelle ,
Voltaire, Montesquieu y Rousseau. En 1763 comienza a escribir su
Historia de Canarias. En 1770 le ofrecen trasladarse a Madrid como ayo
del joven marqués del Viso, hijo único de don José Joaquín de Silva
Bazán Meneses y Sarmiento, marqués de Santa Cruz de Mudela. En casa de
este culto aristócrata, director de la Real Academia Española, recibe un
trato afectuoso. Viera retrata la vida cortesana de forma similar a la
del Goya desengañado. En 1772 publica el primer tomo de la Historia de
Canarias y el segundo un año más tarde. Posiblemente el marqués
contribuyó al pago de los gastos de impresión. En 1777 pasó a socio
supernumerario de la Academia de Historia, a propuesta de su director
Campomanes. Fue colega de Jovellanos como censor y como académico,
padrino de Meléndez Valdés y amigo entrañable del ilustre botánico
Cavanilles. Acompañando al marqués del Viso viaja por Europa y aprovecha
la estancia en París de casi un año para seguir conferencias y cursillos
científicos. Asistió a la recepción de Voltaire en
la
Academia, conoció a Condorcet y a d'Alembert. Tras esta estancia
parisina se renovó su interés por las ciencias a las que ofreció una
intensa dedicación. En 1779 fallece el joven y delicado marqués sin
descendencia. En 1780 acompaña al marqués de Santa Cruz en un viaje en
el que visitaron París, Turín, Roma, Nápoles, Venecia y Viena. Tras la
boda del anciano marqués visitan Alemania y los Países Bajos. En Roma
obtiene documentos importantes para su Historia y una licencia para leer
libros prohibidos. En 1782 es nombrado arcediano de Fuerteventura en la
Catedral de Las Palmas. En 1784 abandona Madrid y se embarca en Cádiz
con destino a Canarias. En 1790 Antonio Porlier, miembro del Consejo de
Indias, le ofreció varios empleos en Madrid que no aceptó. Vive bastante
activo dedicado a las ocupaciones de su cargo, de la Real Sociedad
Económica, del colegio de San Marcial y de sus trabajos literarios y
traducciones. En 1797 conoce
los relatos de la derrota de Nelson por el general Gutiérrez en su
intento de tomar Santa Cruz de Tenerife. En 1799 escribe el Diccionario
de historia natural de las islas Canarias y un año más tarde El nuevo
Can Mayor o constelación canaria, colección de 13 octavas reales en las
que elogia a canarios ilustres. La publicación de su Historia de
Canarias le acarreó numerosos disgustos. Murió en Las Palmas el 21 de
febrero de 1813. Sus restos fueron trasladados a la catedral en 1860.

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