Mercedes Morales Méndez

 

Mercedes Morales Méndez PNC REALEJOS Mercedes Morales, nacida en la Cruz Santa paso casi cinco décadas de su vida  en Venezuela, será nuestra fuente oral de hoy. Así, con el rescate de su memoria vital, esta filóloga nos trasladará a un “Tenerife de Ayer” en el que “no era habitual acudir a la Universidad a formarse en una profesión y menos aún una mujer”.
En una familia humilde de la Cruz Santa, en abril de 1924, ve su primera luz Mercedes Morales Méndez. Allí nace y comienza una etapa de formación que se extiende durante las tres primeras décadas de vida. Siendo la segunda mayor de cinco hermanos, nos relata nuestra protagonista lo extraño que resultaba llegar a la Universidad en aquella época. “Había quien decía a mi padre que estaba perdiendo el dinero. Pero, gracias a Dios, los cinco hijos fuimos profesionales”, apunta Mercedes.

La guagua Los Hernández

Mercedes da sus primeros pasos académicos en la escuela pública de la Cruz Santa, con apenas seis años. “Mi primera maestra fue doña Claudina, después comencé en la privada del municipio. Allí hice los tres primeros años de bachiller”, explica Mercedes los inicios en aquel Bachillerato que constaba de siete cursos. Para continuar sus estudios, Mercedes se desplaza a Santa Cruz con 13 años. En la capital tinerfeña se instala en casa de una tía y allí cursa hasta sexto de Bachillerato. “Vivía próximo a donde hoy está el Parque García Sanabria. Recuerdo los paseos por la Avenida Anaga y un muelle pequeño en comparación al que tanto han ampliado”, rememora Mercedes aquel Santa Cruz de los inicios de la Guerra Civil.

Tras tres años en la capital y a falta de un año de Bachillerato y la Reválida, nuestra protagonista tuvo que retornar a casa por el fallecimiento de su hermano. “Mi hermano estudiaba fuera y murió de tuberculosis. Mi madre aseguraba que había enfermado en las pensiones y decidió que yo volviera a casa”, comenta Mercedes, quien no dejó de estudiar. “Me matriculé en el Puerto y allí terminé bachiller, iba y venía todos los días desde la Cruz Santa en la guagua de Los Hernández”, añade.

Finalizado el Bachillerato y sin oportunidad de hacer Reválida, nuestra fuente oral se empleó en las tareas de casa, ayudando a su madre. Sin embargo, Mercedes asegura que aprovechaba cualquier rato libre para leer, sobre todo, a Emilia Pardo Bazán: “una líder que reivindicó mucho por la mujer. Pienso que fue ella quien me inculcó ese valor de que la mujer podía llegar a más que a trabajar en casa”.

La Reválida

Con 22 años y los valores transmitidos por Emilia Pardo Bazán y otros autores, Mercedes recuerda que se preguntó “qué espero de mí y qué quiero ser”. La solución a dichas cuestiones fue retomar los estudios, lo que para nuestra protagonista fue un hecho heroico. “Me preparé por libre la Reválida en una academia de La Laguna, la aprobé e ingresé en la Universidad a estudiar Filología Románica”, explica Mercedes, miembro de la Primera Promoción de Románica. “Me gradué en 1952, aprobando año por año la carrera”, añade.

Tras el periplo universitario y tres años trabajando en la Biblioteca, Mercedes pone rumbo a Venezuela (1955), en busca de una oportunidad docente, “porque aquí sólo estaba el Instituto Cabrera Pinto y era muy complicado”. En tierras sudamericanas, nuestra filóloga contrae matrimonio con un arquitecto y comienza a ejercer como profesora. Durante sus casi cinco décadas en Venezuela, estuvo en diferentes colegios, pero la mayor parte de su carrera la desarrolló en la Academia Medici, una congregación religiosa donde impartió clases durante 30 años. Asegura Mercedes que allí creció mucho como persona y profesional, pues no se limitó a enseñar literatura. “Era un colegio que se estaba iniciando y me pidieron si podía dar clases de arte. Yo acepté y entre la formación que iba adquiriendo y la ayuda de mi marido sacaba las clases adelante”, apunta Mercedes, quien recuerda la enorme exigencia del Medici: “allí estaban los hijos de familias de clase bien”.

En los inicios del siglo XXI fallece su marido y Mercedes retornan a Tenerife. “Me vine para arreglar papeles y aquí me quedé”, dice nuestra fuente oral, quien se instaló definitivamente en Puerto de la Cruz. Aquí, en la ciudad portuense despedimos a Mercedes, quien se adentra en el taller de literatura donde “escribimos y nos leemos las cosas”. Nosotros les emplazamos hasta el próximo lunes. DOCUMENTACIÓN: ITAMAR BARRETO. FUENTE: ANSINA.
Ramón Menéndez Pidal
“Tenerife de ayer. A vista de mujer” ha tenido el honor este lunes de dar a conocer la vida de Mercedes Morales, representante del grupo creador, en los años cincuenta, del primer Romancero Canario. “Iba recogiendo romances por la Isla, junto a mi padre, a lomos de una yegua”, rememora Mercedes, que también recuerda a su compañera de fatigas, María Jesús López de Vergara. Este trabajo de campo concedió a Mercedes el lujo de conocer “al gran filólogo español Ramón Menéndez Pidal. Lo vi antes de ir a Venezuela y estuve en su casa. Recuerdo aquel momento con especial emoción”.

     
 

 

 

   

 

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