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Nicanora Hernández, vecina
norteña que inmersa en su ventita y su pequeña bodega nos repite una y
otra vez su “salí adelante a base de mucho trabajo”, algo habitual en
las mujeres tinerfeñas de aquel entonces.
Aunque en el registro civil aparece como Nicanora Hernández Rodríguez,
nuestra protagonista nos cuenta que todos la conocen por Marisol.
“Cuando mi padre fue a apuntarme no recordaba el nombre y decidió
ponerme como mi madre, Nicanora”. Con esta anécdota se presenta Marisol,
realejera de nacimiento que se desplaza a La Orotava tras casarse, “hace
más de 60 años”.
Profesores sin gasolina
Nuestra fuente oral de hoy nace en septiembre de 1929 en el seno de una
familia numerosa dedicada a las tierras y al ganado. En Los Realejos ve
su primera luz y allí se cría, acudiendo al colegio Nazaret hasta los 16
años. Asegura Marisol que tiene muy buenos recuerdos de su infancia en
aquel colegio “donde muchos días, los profesores no podían llegar desde
Santa Cruz porque no había gasolina”, comenta.
Sin embargo, entre aquellos recuerdos de su etapa escolar, esta
realejera recuerda con especial nostalgia las clases de piano. “Estudié
piano durante tres años, pero después la economía familiar no permitía
pagar las 14.000 pesetas que costaba un piano de segunda mano”, apunta
Marisol, quien así rememora aquel piano que había en el Nazaret.
Marisol unía sus días de clase en el colegio, con clases de corte y
ayudaba a su madre a bordar. “Mis hermanos trabajaban con mi padre y las
mujeres quedábamos en casa para ayudar a mi madre”, explica nuestra
protagonista, quien a pesar de no dedicarse directamente a las labores
del campo, se acuerda de cómo su padre trabajaba día y noche. “Tenía
tierras y dos vaquerías, tenía que llevar la leche a Santa Cruz en la
guagua y la que sobraba la daba a los soldados”, añade.
“Bodega Sacramento”
Tras una infancia que reconoce como llena de bonitos momentos, Marisol
se casa con 19 años y se desplaza a La Orotava. “Mi marido tenía
arrendada una pequeña tienda de racionamiento y con eso fuimos sacando
adelante a mi primera hija”, comenta Marisol, quien nos cuenta que años
más tarde su padre le compra una casa y allí montan su propia tienda,
donde “vendíamos lo básico, aceite, azúcar, sal, pan…”.
Años más tarde, nuestra protagonista y su marido deciden abrir una
pequeña bodega, la “Bodega Sacramento”. “Era una época en la que se
vendía mucho vino en casco. Preparábamos unos pollitos o conejos para
acompañar el vasito vino”, apunta Marisol. “Y teníamos mucha clientela
de Santa Cruz”.
Nuestra fuente oral afirma que el trabajo de la bodega era muy exigente
y que se le hacía muy duro compaginarlo con el cuidado de sus hijos y la
tiendita. “Al principio vendíamos pollos y conejos cogidos en el campo,
pero después iba a buscarlos a las granjas de La Laguna y Tacoronte”,
recuerda Marisol“. Además, nos recuerda que contó con una gran suerte,
“gracias a que me saqué el carné” –algo poco habitual en las mujeres de
aquel entonces-. “Además he de reconocer que conté con la ayuda de las
muchachas en la cocina, y por eso podía atenderlo todo”, añade.
La enfermedad de su marido obligó a Marisol a dejar la bodega, siendo
uno de sus hijos el encargado de mantenerla a partir de ese momento. “Mi
hijo compaginaba su trabajo, las tierras y la bodega, hasta que no pudo
más y decidimos dejar el negocio”, dice nuestra protagonista.
Hoy, Marisol descansa junto a su familia de una vida dedicada al trabajo
y el sacrificio diario. Además, nuestra fuente oral disfruta del Club de
la Tercera Edad, el cual ha presidido 20 años y lo reconoce como su
segunda casa. “Me han dado mucho cariño, pero ya es hora de dejarlo y
dedicarme sólo a disfrutar de las actividades”. Con la nostalgia latente
en su rostro, despedimos a Marisol y sin movernos de La Orotava,
seguiremos aquí con nuestro “Tenerife de ayer” el próximo lunes. Les
esperamos. DOCUMENTACIÓN: ITAMAR BARRETO. FUENTE: ANSINA. domingo.jorge@canaryinfoweb.com
El carné de conducir
Marisol fue una de las primeras mujeres en sacarse el carné de conducir
y en tener su coche propio en La Orotava. Con poco más de 30 años, esta
villera de adopción entra en la Autoescuela Casanova, aprueba el examen
y responde así a quienes le decían que estaba loca por querer sacar el
carnet. “El primer coche que tuve lo compré en los Hernández del Puerto,
era un Sinca y se pagaba mensualmente en la propia agencia. No era por
letras ni nada de eso, cada mes iba allí y lo pagaba”.
Nicanora Hernández, Marisol (1929), lleva más de 60 años viviendo en su
querida Villa de La Orotava. FOTO: ÓSKAR GONZÁLEZ/CANARYINFOWEB
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