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Este realejero nace
en La Cartaya, Los Realejos, el 6 de septiembre de 1943. Sus padres,
Gonzalo y Candelaria, tuvieron "dos hijos varones y dos hembras. Yo
empecé a trabajar desde muy niño a los cinco años, en el año 1948, en la
"Panadería Gonzalo", nos comenta. Ésta era la panadería de su padre, hoy
en día la siguen regentando sus hermanos. "Me ponían un trozo de cemento
y arena debajo de los pies para alcanzar, a lo que le llamábamos
lebrillo. Me ponían ahí para amasar. Luego salía con mi madre los
sábados y los domingos con un saco detrás a repartir", cuenta Gonzalo
orgulloso de su trabajo. A pesar de empezar a trabajar desde su temprana
infancia, Gonzalo también pudo sacar tiempo para ir a la escuela hasta
que cumplió los 14 años, edad a la que empezó a asistir a clases
nocturnas y "teníamos que pagar seis pesetas porque la escuela era
privada", aclara. Con esa edad "ya repartía el pan él solo y lo hacía
desde la fresca hasta las nueve y media de la mañana".
De panadero a lechero
"A los 14
años ya no quise trabajar más en la panadería. Me hacía
ilusión otro tipo de cosas y puse una finquita y compré una burra,
Rápida, la llamé. Yo tenía una vaca y un becerro y con la burra iba a
buscarle el pasto hasta Los Topes para alimentar a la vaca y poder
vender la leche", comenta riéndose. "La leche la vendía a tres pesetas,
el pan que nosotros hacíamos costaba una peseta con 20 céntimos, el
grande, y el pequeño 40 céntimos".
Cuando cumple 18 años y tras haber reunido un "dinerito" con todo lo que
había ganado, decidió comprarse "un Austin de matrícula 19094", nos
recuerda. Y muchas fueron
las aventuras que vivió con ese coche. "Nos
íbamos por la calle Real. Me iba con el coche a Benijo, Cabo Blanco,
hasta Tigaiga y al Realejo Bajo. Antiguamente era el Realejo Alto y el
Realejo Bajo, ahora se llama solo El Realejo", nos detalla.
Pero con el moderno Austin aprovechaba también para ayudar a su padre
con el reparto de la panadería. "Así lo hacía más rápido y podía
repartir más panes. Repartía diariamente entre 250 y 300 panes. Yo tuve
una época que me levantaba a las dos de la mañana para ir a la
panadería. Eso lo estuve haciendo desde el año 62 hasta que fui al
cuartel en La Cuesta, en Sanidad, en Ingenieros. Pero después me
mandaron a Psiquiatría, donde estuve 12 meses. El 22 noviembre de 1965
entré y salí el 22 de noviembre de 1966". Tras cumplir con la milicia,
Gonzalo se casa y sigue trabajando hasta que sufre una parálisis parcial
en su cuerpo y se ve obligado a coger el retiro.
Los bailes del Norte
"Nos subíamos 12 ó 13 en mi coche y nos íbamos a los bailes del Norte, a
La Guancha, por ejemplo. Los bailes antes se hacían el sábado, el
domingo y el lunes. Depende de si salía la procesión el sábado o el
domingo. Se respetaba y ese día no se salía. En un año había fiesta tres
días. Menos hasta el 59, que se hacía la fiesta de la Virgen de la Luz,
después la de El Carmen y en septiembre la de Las Mercedes", nos relata
Gonzalo aquellas hazañas "bailongas".
Los Realejos fue un pueblo agrícola. "Hoy en día las fincas están
abandonadas y los jóvenes no quieren trabajar en el campo", nos asegura.
Gonzalo, frente a esto, sigue hoy con su finca haciendo lo poco que
puede, pero con ganas de seguir labrando la tierra que le vio nacer. |