|
Carmen
García-Estrada González echa la vista 81 años atrás para recordar aquel
Realejo Alto que la vio nacer. Un pueblo completamente distinto al que
hoy se puede ver, según nos explica Carmen: "Hoy esto es muy diferente,
cada vez somos más vecinos y nos conocemos menos entre nosotros. Ha sido
un cambio radical". Nacida en el barrio de San Agustín en 1928, nuestra
protagonista se crió en una familia de profesionales de la medicina. Con
dos hermanos que heredaron la profesión de su padre, Carmen nos revela
que es hija de José García Estrada, "médico muy apreciado en el
municipio, en mi pueblo, prueba de ello es la estatua que le hicieron en
mi barrio. Dicen que era muy buen médico, muy caritativo, se desplazaba
a las casas, atendía a los enfermos
y, si podía, les dejaba dinero".
Colegio pago. Nuestra fuente oral de hoy nos asegura que tuvo la gran
suerte de nacer en "una familia que pudo darme unos estudios". Carmen
comenzó su etapa escolar en "un colegio pago del Puerto de la Cruz",
localidad donde completó el Bachillerato y se preparó la prueba de
aquella selectividad de entonces. Recuerda nuestra protagonista que en
aquella época las guaguas se averiaban con mucha frecuencia, lo que le
obligaba a desplazarse caminando hasta la escuela. "Nos juntábamos un
grupo de vecinos que estudiábamos allí y por los caminos de El Toscal,
íbamos a estudiar", comenta.
Al igual que su padre, Carmen tenía como objetivo profesional la
medicina, pero "en aquellos tiempos había que desplazarse a La Península
y no me decidí", apunta esta realejera, quien reconoce que "fue más por
dejadez que por otra cosa". Poco después de finalizar su periplo
formativo Carmen se casa y, meses más tarde, se embarca hacia Venezuela
junto a su marido. Apenas año y medio duró la experiencia americana de
nuestra protagonista. "Me fui en 1952, allí me encargaba del día a día
de la casa, mientras mi marido trabajaba", aclara.
Aunque no se acuerda exactamente del navío en que se desplazó a tierras
venezolanas, ni del precio de la travesía, Carmen no ha olvidado aquel
trayecto al que define como "un viaje muy agradable pero duro". No
obstante, rememora nuestra fuente oral el contratiempo que les surgió en
su paso por Cuba, "estuvimos más de dos días atracados en bahía cubana,
no nos dejaban bajarnos y en el barco estuvimos los dos días", explica.
Hospital de la Inmaculada. De regreso a su tierra, Carmen se ve obligada
a vender todo lo que su padre le había dejado para poder pagar el
tratamiento de la extraña enfermedad de su hijo. "Tenía una hernia en el
diafragma, y aquí no había solución. Estuve por Madrid y después en
Barcelona, donde falleció", comenta Carmen, quien asegura que fue
saliendo adelante junto a su marido y los hijos que nacieron del
matrimonio.
Ver mapa más grande
A finales de los 70, nuestra protagonista se queda sola al cuidado de
sus hijos, y consigue un empleo en el Hospital de la Inmaculada de
Puerto de la Cruz. "Trabajé diez años como auxiliar de enfermería,
después enfermé, me operaron, y tuve que dejar el Hospital", apunta
Carmen. Después de operada, asegura nuestra protagonista que se dijo a
sí misma que no podía estar de brazos cruzados. "Me dediqué a hacer
manualidades y después me empezaron a llamar de diversos colegios de la
zona para dar clases", afirma Carmen, quien, curiosamente, explica que
"nunca se le había dado bien el dibujo y las manualidades".

Actualmente, Carmen descansa en el mismo
municipio que la vio nacer, entregados sus días a la asociación de
mayores que preside, y en la que "tengo unos compañeros maravillosos y
trabajadores. Somos una familia". Doña Carmen falleció a los
81 de edad y que recibió cristiana sepultura el domingo día 30 de mayo.
|