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Nació
en Güímar el 10 de Noviembre de 1892, Don Domingo Pérez Cáceres en la
villa de Guimar. Tras estudiar en el Seminario Conciliar de Tenerife,
fue Coadjuntor de su parroquia natal, cura regente del Salvador de La
Matanza, Coadjuntor de la parroquia de la Concepción de Santa Cruz,
Párroco propio de la villa de Guimar -tras oposición- y Deán de la
Iglesia de La Catedral.
El 21 de septiembre de 1916 recibió, de manos del Obispo Dr.Rey Redondo,
la dignidad del Sagrado Orden del Presbiterado, ejerciendo durante doce
años el cargo de Vicario General de la Diócesis. Fue Arcipreste del
distrito de Guimar, Examinador prosinodal y Párroco consultor. El Excmo.
Cabildo Catedral lo eligió en pleno como Vicario Capitular para gobernar
la Sede Vacante, al ser destinado Fray Albino González y Menéndez
Reigada a la Diócesis de Córdoba.
Como Prelado consiguió importantes mejoras para el Cabildo Catedral,
como lograr elevar el número de capitulares a dieciséis.
Cuantos conocieron a Don Domingo Pérez Cáceres destacan de él virtudes
como su humildad, bondad, generosidad..., pero sobre todo que era un
hombre de la tierra.
Se le debe, entre otras obras, la construcción de la Basílica de
Candelar ia
que consagró el Nuncio Antoniuti, el día primero de Febrero de 1959.
Fomentó la creación de Cáritas Diocesana.. Ordenó 83 Sacerdotes
Diocesanos. Falleció el 1º de Agosto de 1961. Sus restos reposan en la
Basílica de Candelaria, a los pies de la Virgen a la que profesó una
singular y ferviente devoción.
Así, Antonio Martí lo describe como "un pedazo de tierra (...) en lo
moral, en lo espiritual y hasta en lo físico. Grande, recio, de
facciones pronunciadas, tenía toda la apariencia de los"señores del
campo" del interior de la isla. Y el mismo hablar, pausado, sentencioso.
Con un deje dulce, cariñoso, en cuanto decía. Y un juicio certero pero
benévolo en todo momento".
Era un hombre sencillo y humilde, "de una humildad sincera y sentida",
que gustaba de pasear por las calles de La Laguna para saludar y charlar
con sus gentes. Era frecuente verlo sentado en la plaza de Los Bolos
departiendo con quienes eran habituales en sus bancos, o disfrutar de
las tertulias en la casa de D. Víctor Núñez. Dicen que nunca criticaba
ni hablaba mal de nadie; al contrario, siempre encontraba palabras de
disculpa para los errores o las faltas ajenas.
Cuando
el 21 de septiembre de 1947 Don Domingo fue consagrado Obispo de
Tenerife el pueblo se volcó. Muestra de ello es el fragmento que
entresacamos de la HOJA DEL LUNES con motivo de un aniversario de la
misma, firmado por Elien: "El Nuncio señor Cicognani, llegado a Tenerife
para la episcopal consagración, ante la total y unánime conformación
popular en torno al nuevo Prelado, definió el histórico momento con la
significativa frase del "Obispo plebiscitario". Y tuvo un gran acierto.
Era singular, incluso para quien tan habituado estaba a similares
consagraciones, la presencia multitudinaria de todo un pueblo en torno a
la canónica unción de su Obispo. Porque indudablemente aquí (...) el
ungido del Señor era elegido por la voz unánime del pueblo".
Ese año, el programa de las Fiestas del Stmo. Cristo dedicó los
siguientes actos al "nuevo Obispo de Tenerife":
- Martes 16: la Corporación Municipal en pleno le hizo entrega cn el
Palacio Episcopal dcl pergamino nombrándolo hijo adoptivo
de
la ciudad. A continuación se descubrió una placa que dio nombre de
"Obispo Pérez Cáceres"' a una vía de la localidad.
Jueves IX: Gran Día Mariano en acción de gracias por la exaltación de
'"un hijo del país"'. Simultáneamente salió de cada iglesia devoto
"Rosario de la Aurora" con los respectivos cleros. hermandades y
cofradías acompañando los diversos tronos en que se veneran las
distintas advocaciones de la Stma. Virgen hasta la parroquia de la
Concepción.
Viernes 19: Procesión de Traslado del Stmo. Cristo a la Catedral para
efectuar ante Élla consagración Episcopal.
Sábado 20: Una "gran rondalla típica" rccorrió algunas calles de la
Ciudad. pasando por el Palacio Episcopal. para obsequiar al Obispo y
demás Prelados.
Lunes 22: Gran Fiesta de Arte en homenaje al Obispo. organizada por el
Orfeón La Paz en el Teatro Leal.
Catorce años después de que una salva de aplausos prolongada y unánime
surgiera de todos los presentes en la calle San Agustín cuando Don
Domingo salió al balcón del Palacio Episcopal, las banderas, entonces
desplegadas al viento en lo alto de los mástiles, aparecieron a mitad de
asta mostrando negros crespones. A las tres y media del martes 1 de
agosto de 1961 había muerto Don Domingo Pérez Cáceres; el tratamiento al
que había sido sometido en la clínica "Virgen de la Paloma" de Madrid no
había tenido 1954 éxito -sus fieles lo habían intuido cuando regresó el
10 de mayo-. Próximo al atardecer salía su ataúd del Palacio a hombros
de "hombres del pueblo, hombres en mangas de camisa y con el sudor del
trabajo aún reciente; hombres de chaquetas gastadas; hombres de cuello y
corbata y estudiantes en jerseys" . La gente se agolpaba en las aceras
mostrando un inmenso dolor que se hizo, si cabe, más palpable cuando
millares de personas, procedentes de los más apartados rincones de
nuestra Isla, desfilaron por la capilla ardiente instalada en la
Catedral. En el mismo artículo leemos que: "un continuo desfile de
fieles besaron respetuosamente y por última vez el anillo pastoral;
multitud de coronas de las más diversas procedencias; centenares de
telegramas de todo el Archipiélago y de fuera de sus límites isleños;
oraciones y lágrimas de una tarde triste del mes de agosto".
L as
emisoras de radio emitieron programas especiales hasta que tuvieron
lugar las honras fúnebres, el jueves 3 de agosto, oficiadas por el Dr.
Pildain, procedente de Las Palmas. Después de ser trasladados a Guimar,
donde se rezó un responso, los restos mortales del Prelado Nivariense
recibieron sepultura en la Basílica de Candelaria.
Catorce años después de que una salva de aplausos prolongada y unánime
surgiera de todos los presentes en la calle San Agustín cuando Don
Domingo salió al balcón del Palacio Episcopal, las banderas, entonces
desplegadas al viento en lo alto de los mástiles, aparecieron a mitad de
asta mostrando negros crespones. A las tres y media del martes 1 de
agosto de 1961 había muerto Don Domingo Pérez Cáceres; el tratamiento al
que había sido sometido en la clínica "Virgen de la Paloma" de Madrid no
había tenido 1954 éxito -sus fieles lo habían intuido cuando regresó el
10 de mayo-. Próximo al atardecer salía su ataúd del Palacio a hombros
de "hombres del pueblo, hombres en mangas de camisa y con el sudor del
trabajo aún reciente; hombres de chaquetas gastadas; hombres de cuello y
corbata y estudiantes en jerseys" . La gente se agolpaba en las aceras
mostrando un inmenso dolor que se hizo, si cabe, más palpable cuando
millares de personas, procedentes de los más apartados rincones de
nuestra Isla, desfilaron por la capilla ardiente instalada en la
Catedral. En el mismo artículo leemos que: "un continuo desfile de
fieles besaron respetuosamente y por última vez el anillo pastoral;
multitud de coronas de las más diversas procedencias; centenares de
telegramas de todo el Archipiélago y de fuera de sus límites isleños;
oraciones y lágrimas de una tarde triste del mes de agosto".
Fue nombrado hijo Adoptivo de Los Realejos en 1947.
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