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Blas
Pérez González nació en el pago de Velhoco, en Santa Cruz de La Palma,
el 13 de agosto de 1898. Era el cuarto de los hijos de Juan Pérez Díaz y
María del Rosario González Déniz. Su padre, médico de profesión, alcanzó
el reconocimiento de sus paisanos por su ingente labor altruista a favor
de los más desfavorecidos, especialmente en 1888, con motivo de una
epidemia de fiebre amarilla que asoló la isla.
Aunque sus antecedentes familiares, originarios de Mazo, estaban
vinculados al conservadurismo, Juan Pérez Díaz, licenciado en Medicina y
Cirugía por la Universidad de Sevilla, estableció buenas relaciones con
el ambiente progresista de la sociedad insular y, además, estuvo
vinculado a la masonería. En ese ambiente fue en el que creció nuestro
personaje, que contaba apenas diez años de edad cuando falleció su
padre.
Blas Pérez González fue un estudiante aplicado y brillante. Realizó sus
estudios en el colegio de Segunda Enseñanza Santa Catalina, de la
capital palmera y en 1914, cuando contaba 16 años, favorecido por la
bonanza económica de su familia, se trasladó a Barcelona donde cursó el
último año de bachillerato.
Los años juveniles de Blas Pérez González fueron republicanos. En 1914
se unió a un grupo de estudiantes, empleados y comerciantes, con las
mismas inquietudes, y participó en la fundación de la Juventud
Republicana palmera. Sin embargo, este primer contacto con el mundo de
la política insular sería más bien limitado, pues estaba supeditado a
sus cortas estancias en la isla, cuando venía de vacaciones, pues por
entonces residía en La Laguna, donde cursaba los estudios de la carrera
de Derecho, en la que obtenía calificaciones sobresalientes que causaban
la admiración de sus familiares y amigos.
A comienzos de la década de los años veinte, Blas Pérez González había
abandonado las filas de la Juventud Republicana, debido a las
discrepancias mantenidas con el ala mayoritaria de la organización, que
pretendía convertirse en la sección juvenil de Unión Republicana. En
1921 intentó presentarse como candidato a diputado por el Partido
Liberal en representación de La Palma, pero entonces su empeño no
prosperó.
Los méritos del joven abogado palmero no pasaron desapercibidos en la
capital del reino. Uno de sus profesores más notables, Felipe Sánchez
Román, prestigioso catedrático de Derecho Civil de la Universidad
Central de Madrid, le propuso incorporarse a su equipo como profesor
ayudante y, al mismo tiempo, le ofreció un puesto de pasante en su
reputado bufete.
En el mismo año en que culminó su carrera y mientras cumplía el servicio
militar, aprobó las oposiciones de ingreso al Cuerpo Jurídico del
Ejército, siendo destinado, con el empleo de teniente, a la guarnición
de Larache (Marruecos), donde conoció, entre otros, a los comandantes
José Sanjurjo y Francisco Franco. Blas Pérez González quedó impresionado
por la actuación de ambos militares, especialmente del segundo, en unos
momentos críticos, en que se consiguió recobrar el prestigio del
Ejército español en África.
En 1925, ascendido a capitán, Blas Pérez González fue destinado a la
Auditoría de Guerra de Santa Cruz de Tenerife y designado, contra su
voluntad, jefe de la Unión Patriótica en La Palma, el partido único
creado por la Dictadura de Primo de Rivera. Sin embargo, esta etapa
sería breve, pues en 1926 se trasladó de nuevo a Madrid para iniciar su
carrera de profesor universitario, como ayudante de la cátedra de
Derecho Civil.
En octubre de 1928 contrajo matrimonio en Santa Cruz de Tenerife con
Otilia Martín Bencomo y durante los ocho siguientes años residirían en
la Ciudad Condal, donde también nacerían sus cuatro hijos.
Debido a su escasa simpatía con el gobierno de Primo de Rivera, en los
últimos estertores de la dictadura sería detenido y encarcelado en el
castillo de Montjuich, siendo liberado poco después de la proclamación
de la Segunda República. Por entonces, el joven profesor recibe una
propuesta desde La Palma para que concurriera como candidato a las
elecciones constituyentes de junio de 1931. Si bien inicialmente no se
mostró convencido, al final acabó aceptando y se presentó como
republicano independiente, con el apoyo de los conservadores palmeros.
Blas Pérez González regresó de nuevo a Barcelona y continuó ejerciendo
su labor docente en la Facultad de Derecho. Sin embargo, la evolución de
la tumultuosa vida política nacional habría de depararle un protagonismo
que tendría importantes repercusiones en su trayectoria.
La declaración del estado de guerra provocó que Blas Pérez González, con
el grado de comandante jurídico, retornase al servicio activo
incorporándose a la Auditoría de Guerra de Barcelona, interviniendo en
las causas instruidas por la rebelión de Cataluña, entre los que
figuraba el ex presidente del Gobierno, Manuel Azaña y el Gobierno de la
Generalitat.
A comienzos de 1935, cuando se levantó el estado de guerra, Blas Pérez
se reincorporó a la docencia universitaria, pero entonces ya había sido
señalado como enemigo de los nacionalistas catalanes y de la izquierda
obrera e identificado con la represión posterior que siguió a los hechos
de octubre de 1934.
Cuando ganó el Frente Popular llegó el momento de la revancha y el
profesor Pérez González fue depuesto de su cargo de decano y expulsado
de la Facultad de Derecho "por sus intensas campañas españolistas,
sostenidas en el claustro". Poco después, el nuevo Gobierno de la
coalición de izquierdas amnistiaba a los represaliados por los sucesos
de 1934 y devolvía a la Generalitat todas las funciones que le habían
sido suspendidas.
En esa situación estaba cuando llegó el 18 de julio de 1936. Un día
después del levantamiento militar, las milicias anarquistas de Barcelona
emprendieron una sistemática e implacable persecución contra los
sospechosos de simpatizar con la sublevación -entre ellos militares,
universitarios, curas, empresarios y políticos de derechas-, entre los
que figuraba Blas Pérez González.
Desde allí, en mayo de 1937 pasó al bando nacional, llegando a Burgos,
donde se afilió a la Falange, entonces sometida al mando supremo de
Franco. Superado un proceso de fidelidad al nuevo régimen, y contando,
entre otros, con los apoyos de Ramón Serrano Súñer, cuñado del caudillo
y Lorenzo Martínez Fuset, frente a los que cuestionaban la facilidad con
la que había logrado evadirse del bando republicano, poco después de su
llegada consiguió un puesto en la Asesoría Jurídica del Cuartel General
del Generalísimo. En noviembre de 1938 fue investido primer fiscal del
Tribunal Supremo, siendo nombrado también consejero de la FET y de la
JONS y en agosto de 1939 se le encargó la Delegación Nacional de
Justicia y Derecho de Falange. Dos meses después entró a formar parte,
como vocal de libre designación, de la Junta Política presidida por
Ramón Serrano Súñer. Por entonces, el pensamiento político de Blas Pérez
González había evolucionado considerablemente y lejos quedaban los días
de sus orígenes republicanos.
El 13 de septiembre de 1942, los nuevos ministros juraron sus cargos en
el palacio de El Pardo. Blas Pérez González permanecería al frente del
Ministerio de la Gobernación, uno de los más importantes del régimen,
durante quince largos años, hasta el 25 de febrero de 1957.
El Ministerio abarcaba varias áreas: administración local, sanidad,
vivienda, corrreos y, sobre todo, el orden público. "La aspiración
primaria de toda organización política debe ser el mantenimiento de la
paz y el orden", decía Blas Pérez González en su breve discurso de toma
de posesión. Para llevarlo a cabo, el nuevo ministro impulsó varias
leyes, entre ellas la Ley de Responsabilidades Políticas, la Ley para la
Represión del Comunismo y la Masonería y la Ley de Seguridad del Estado.
Objetivos que consiguió y convirtió el Ministerio en una organización
eficaz y sometida a un estricto control, eligiendo siempre la vía de
fidelidad a Franco frente a otras tesis. De modo que no sólo la
persecución de los ideales de izquierdas y obreros, sino también el
maquis, la oposición falangista y la oposición monárquica al régimen,
fueron algunos de los aspectos fundamentales de los primeros años de
mandato del ministro palmero.
Durante este tiempo, Blas Pérez González realizó dos
visitas oficiales a La Palma. La primera, en julio de 1949, con motivo
de la erupción del volcán de San Juan, en que recorrió las zonas
afectadas y la segunda, en octubre de 1950, formando parte del séquito
del viaje oficial del Jefe del Estado a Canarias.
A mediados de los años cincuenta, el panorama comenzó a ca mbiar.
Blas Pérez González comenzó a sufrir el hostigamiento de José Luis
Arrese, a quien Franco encomendó un borrador de legislación que
acrecentara el poder de Falange en el régimen, complaciendo así el
empeño de éste por hacerse con el control político del Estado y, por
otro, Luis Carrero Blanco, ministro de la Presidencia y bastante
distanciado de los postulados de Blas Pérez González, al que acusaba de
"blando" por no reprimir con contundencia las alteraciones del orden e
insistiendo en los rumores de sus supuestas vinculaciones, en el pasado,
con la masonería.
Al final, el 25 de febrero de 1957, Franco decidió el cese del ministro
Pérez González, ofreciéndole ocupar el recién creado ministerio de la
Vivienda y Previsión Social, propuesta que éste rechazó de plano, para
dedicarse a su carrera académica y profesional. El malestar de Franco
fue de tal calibre que durante algún tiempo ordenó vigilarle y ordenó
escuchas telefónicas, temeroso, tal vez, del poder e influencia de que
gozaba el político recién cesado.
Por sus relevantes méritos de servicio del Estado y de la Justicia, a
Blas Pérez González se le concedieron doce grandes cruces, entre ellas
la de Carlos III, Beneficencia, Mérito Civil, Aeronáutica, Militar,
Naval, Alfonso X El Sabio, San Raimundo de Peñafort, Isabel la Católica
y Cisneros.
Se le concedieron también las Medallas de Oro de Madrid y Santa Cruz de
La Palma, isla que le hizo Hijo Adoptivo de numerosos municipios, así
como presidente honorario del Cabildo Insular e Hijo Predilecto de La
Palma. Fue elegido miembro de las Reales Academias de Ciencias Morales y
Políticas, y de Legislación y Jurisprudencia.
A lo largo de su vida destacó como civilista, autor de la traducción y
comentario de Derecho Civil de Emneceris, Kipp y Wolf. Publicó una serie
de monografías, entre las que figuran El método jurídico, El requisito
de la viabilidad, La rescisión de participación en Cataluña y El seguro
y la garantía hipotecaria.
Falleció en Madrid el 7 de febrero de 1978, a la edad de
80 años. Su memoria se honra en su isla natal, especialmente en la
capital palmera, donde tiene un monumento situado a la entrada de la
ciudad, y en calles de diversas localidades del Archipiélago Canario. En
Los Realejos fue nombrado hijo adoptivo en 1957, entre otras cosas por
haber impulsado la rescontrucción del Santuario de Nuestra Señora del
Carmen. |